LAS MEGAS-OBRAS QUE NUNCA VOLVERÁN…

No hace muchos años las obras faraónicas eran nuestro pan de cada día, no había administración que no tuviera una o varias obras emblemáticas que batieran algún o algunos récords nacionales y/o internacionales. Daba igual para qué o para quién se hacía la obra, lo importante era la foto, que se hablara y, sobre todo quien la había impulsado. Lo mismo se trataba de una operación de marketing pero quizás a un coste algo desorbitado.

No me gustaría en este post mirar hacia otro lado y buscar culpa en otros eslabones de la cadena, sino hacer una crítica a nuestro gremio que considero es parte responsable de lo que estamos sufriendo hoy día. Tampoco quisiera entrar en quién tiene mayor cuota de responsabilidad, únicamente poner sobre la mesa aquello en lo que considero no estuvimos a la altura de lo que creo que se nos pedía. En cuanto a la responsabilidad política, creo que poco a poco la sociedad pedirá las responsabilidades pertinentes a los que impulsaron semejantes inversiones, tanto en el campo político como en el judicial.
  1. Olvidamos el fin de nuestro trabajo: paradójicamente estamos en todas las fases de un proyecto, pero en un cúmulo de errores o despistes o de mirar para otro lado, hemos terminado construyendo piscinas cubiertas para cinco personas, aeropuertos para filmar películas o autopistas que no se sabe muy bien a donde van. Seguramente cada uno sea capaz de encontrar una excusa perfecta para demostrar que la responsabilidad no es nuestra, y puede ser cierto en gran medida, pero si alguien sabe de obras y proyectos somos nosotros, así que, por acción u omisión, alguna deberemos tener. 
  2. El presupuesto pensábamos que era ilimitado: si analizamos el presupuesto proyectado para las obras en los últimos años y el coste real de las mismas observamos que el mismo se ha duplicado o triplicado. Nos hemos convertido en expertos en la redacción de modificados. 
  3. Nos montamos en la noria muy fácilmente: en esta carrera loca por tener mejores infraestructuras, nuestro sector se vio muy favorecido en grandes ofertas de trabajo y sueldos muy suculentos. Cualquiera pensaría que era una locura no aceptar las ofertas y que es el mercado el que, mediante la oferta y la demanda, determina donde nos movemos. Pero fue esa situación la que fue creando el pozo del desempleo donde nos encontramos, esos sueldos no eran sostenibles, por lo que tras la paralización de las inversiones, muchos fueron despedidos y los nuevos ingenieros se vieron con un mercado laboral rígido y casi inexistente, que tardará en volver a tomar ritmo y volver a niveles menos dramáticos.
  4. No supimos actuar a tiempo: todo el mundo se daba cuenta, con más o menos acierto, que esto llegaría a su fin y que el nivel de gasto era insostenible, pero no se actuaba para racionalizar todo lo que estaba ocurriendo; por lo que cuando la situación explotó, nos pilló de lleno la onda expansiva sin capacidad de reacción. 


Sin duda esos tiempos parece que ya no volverán y, visto lo visto, es lo mejor que nos puede pasar. Esto no quiere decir que este en contra de la inversión en infraestructuras, todo lo contrario, considero que es uno de los mayores potenciadores de la economía, pero debemos volver a una planificación de inversiones, alejada del mayor o menor rendimiento en votos, huir de los políticos cuyo ego es mucho más grande que su inteligencia, que quieren perpetuar su paso por el mundo dejando una deuda a los que vendrán sin que nadie les preguntara.

En cuanto a lo que nos toca a nosotros, debemos volver a la funcionalidad de nuestras obras y lo importante es que todo lo que realizamos es para mejorar la vida a quienes la van a disfrutar y, sobre todo lo importante no es lo inmensa o el importe de las obras, sino el entusiasmo y las ganas de hacer las cosas bien lo que hacen que las obras sean grandes para nosotros. Sirva de ejemplo la obra que con más cariño guardo: se trata de un acceso a una finca agrícola desde la antigua N-340 en la costa de Granada. Un vial de no más de 100 m, dos líneas de señalización horizontal y dos señales verticales; pero la ilusión era tan grande que para mi era como realizar el proyecto de la A-7 desde Cádiz a Barcelona. No hay día que pase por allí y se lo cuento a quien me quiera escuchar que esa obra era mía; sin embargo en otras en las que he participado casi que miro hacia otro lado. 

«Las cosas son grandes porque tú haces que lo sean. Queda mucho por hacer y recorrer, hagamos que cada pequeña cosa sea lo más grande de nuestra vida»

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